Copa menstrual


La copa menstrual es un recipiente reutilizable de higiene íntima femenina que se utiliza durante "esos días del mes". A diferencia de los tampones, la copa no absorbe la sangre, sino que ésta se recoge dentro hasta que se extrae y se limpia la copa. Suelen ser de diferentes materiales como látex, silicona quirúrgica o plástico quirúrgico. Y no contiene blanqueadores ni otros materiales químicos que puedan ocasionar algún daño para la salud.

Además, al ser reutilizable es mucho más económica que los otros productos y, por supuesto, ayuda a la sostenibilidad del medio ambiente. Su vida útil suele ser de unos cinco a diez años. Por lo tanto, si suponemos que te vale 35 euros, es más o menos lo que te puedes gastar en tampones o compresas durante tres meses. 

También ayuda a evitar infecciones que se pueden producir. No está relacionada con el Síndrome de Shock Tóxico y puede evitar otros problemas como, por ejemplo, la candidiasis.

Es bastante segura porque te permite hacer todo tipo de ejercicio sin problemas. Y, aparte, no notas que la llevas puesta. Otra de las cosas que más me gustan es que aguanta más tiempo. Es decir, cuando una compresa la tienes que cambiar cada dos horas o un tampón cada cuatro, la copa puede aguantar hasta 12 horas. 

De los inconvenientes que puedo decir, es que puede ser un poco complicada de poner al principio. Pero, cuando le coges el truco, ya no pasa nada. Es como todo. Nadie nace sabiendo. A veces nos da miedo o vergüenza investigar ciertas zonas de nuestro cuerpo pero, la realidad, es que están ahí y no tiene nada malo saber.

Otra "pega" es que, para poder vaciarla, tenemos que tener cerca un grifo (y limpiarla) y en los baños públicos ésta opción no suele estar disponible. De todas formas, como aguanta hasta 12 horas, no suele ser necesario hacerlo fuera de casa.

¿Y qué tiene que ver esto con la ictiosis? Pues bien. Yo la empecé a usar por cuestiones prácticas y económicas. Entre otras coas, ya tenemos bastante con el gasto de la crema y, en ocasiones, de los medicamentos... Encima, si eres mujer, ya llevas añadido el gasto extra de los productos de higiene femenina y, por lo tanto, si ya cuesta ver el sueldo a finales de mes (o a mediados) No te digo ná si encima tienes los gastos que tenemos que tener. Para algunas personas somos ricos y nuestros gastos son superfluos... y lo somos, somos muy ricos, pero asintomáticos.

En fin... aparte de todo esto, también me di cuenta que el uso de compresas era lo peor. Primero porque el plástico que se les pone debajo para que no filtren y para que se queden pegadas a las bragas me hacía sudar. Sudor, más crema, más regla... No, no caigáis en la tentación de haceros a la idea porque no es agradable. A eso añade el roce de la compresa con la parte externa de la vagina y que no son precisamente caricias lo que te hacen. Así que descartadas por primera norma.

Los tampones.... Bueno, éstos no generan tanto roce, es la verdad. (Aunque si que me he pillado alguna vez con el aplicador) Lo que si es cierto que, en mi caso, tenía que ir cada hora y media al baño si  no quería ponerme perdida entera. Y, cuando estaba en los últimos días, si lo llevaba puesto más de tres horas, empezaba a sentir un malestar por todo el cuerpo que me ha llevado más de una vez a la taza del váter pero de cabeza.

Tampoco mola, no.

Con este artilugio lo pasé regular al principio. Sobre todo porque, al ser una cosa que desconocía, no entendía muy bien si estaba bien puesta, si no lo estaba, si se podía salir... en fin, las dudas normales que tenemos cuando usamos algo nuevo en un sitio que no se ve y del cual depende el querer que te trague la tierra o no.

Luego ya fue Gloria Bendita. Lo puedo asegurar.

En fin, espero que os haya gustado el contenido de hoy...

¡A soñar bonito!




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